viernes, julio 25, 2008

174-“En bandeja” El Museo de la Pizza es argentino…y cordobés

Este mes de julio 2008 no ha sido muy prolífico para mí, literariamente hablando. Hay momentos en la vida en que los tiros nos llegan al arco de penal, de medio campo y hasta del arco de enfrente, y aunque muchos de ellos auguran cosas buenas, no dejan de distraernos y hacer que posterguemos esta vocación de narrar la vida a nuestro modo.

Pero ayer…Ayer, me sirvieron esta crónica “en bandeja” y no pude resistirme. Nunca mejor aplicada la expresión porque la escribo finita, redondísima y, eso sí, cubierta de muzzarella y de tomate, en la versión que más me gusta del objeto de la misma.

Estamos hablando de la pizza. De la que hace poco tiempo se ha inaugurado su primer museo. En Córdoba, “El corazón de la República Argentina” -por su mediterránea y central ubicación dentro del territorio y porque en ella se han gestado muchos hechos históricos trascendentes-. En Córdoba, “la Docta” -por su emblemática Universidad-, la “Antigua, religiosa y de estampa colonial” -según reza la canción popular-.

Ahí, en la pizzería “Don Luis”, cuyo nombre rinde homenaje al primer maestro pizzero que revistó en sus filas: el austríaco Luis Gavrigelcich. Ahí, en General Paz 338, por si andan por esos pagos, la familia Iudicello (era evidente que no iban a ser los García o los Pérez) se dio el gusto de destinar una parte de la antigua cuadra a exhibir una serie de elementos que formaron parte de la pizzería desde que en 1952 la inaugurara don Liborio Iudicello, abuelo de Pedro, el actual titular de la firma.

Observando la historia del comercio, se colige que los Iudicello conforman una verdadera “dinastía” pizzera, en la que se debe incluir a Miguel Ángel, el papá de Pedro. Dinastía pizzera y habilísima en estrategias comerciales, comenzando por la genialidad de bautizar el comercio con el nombre de quien se encargaba de cocinar las pizzas -un modo eficaz y baratísimo de ligarlo afectivamente con el negocio y, por ende, de hacerlo rendir más- y continuada ahora en este museo, auspiciado por la Municipalidad de la Ciudad de Córdoba, en el que se pueden apreciar el horno, la pala, los cuchillos y otros elementos que eran parte del paisaje de la pizzería cuando se inauguró, así como la pizza disecada que la Nasa provee a sus astronautas cuando recorren el espacio. También, recuerdos de diferentes y famosos clientes como el futbolista Daniel Willington, el pintor Seguí (dicen que ideó algunas de sus obras en las mesas de la pizzería), el recordado humorista “Sapo” Cativa, santiagueño por origen y cordobés por vocación, el gremialista Agustín Tosco, Alberto Cognini, el creador de Hortensia, la revista emblemática del humor cordobés y tangueros como Ciriaco Ortiz y Alberto Castillo.

Si bien la pizza es un alimento de carácter casi universal, los argentinos, por las itálicas raíces que nos nutren, somos afectísimos a ella. Mi amigo Pasqualino Marchese (era evidente que no se iba a apellidar González) tiene en su página, que citaré al pie de esta crónica, todas las recetas necesarias para elaborar una bien “a la argentina”. Pero sepan los lectores que por aquí se amasan tres tipos diferentes de pizzas: la “a la piedra”, la “de molde” y “media masa”. Y que es este el único lugar en el mundo en el que existe la “Semana de la Pizza y la Empanada”. Aquí se pueden encontrar lugares donde uno paga un único precio para comer todo tipos de pizza sin parar. A esa forma de “empizzarse” se la llama pizza libre. Tenemos, además, la pizza por metro, la de cancha, enorme y solo con tomate, el matambre a la pizza, la pizza rellena y la rosarina pizza a la parrilla, como cuadra a nuestras tradiciones gauchescas. Hay pizzerías en que la pizza se vende por porciones de lo que a uno le plazca, aunque siempre es mejor una pizza compartida. Si hasta nos hemos dado el gusto de inmortalizarla en “Moscato pizza y fainá”, la canción de Adrián Otero, el cantante de Memphis, la Blusera, de la que me permito recomendar una versión casi desconocida de Cacho Castaña.

Amigos, los invito a “Don Luis” de unos cuantos años atrás, para cerrar esta crónica con el gesto inolvidable de Alberto Castillo, el “Cantor de los cien barrios porteños”, quien fue declarado padrino honorario de la ahora Pizzería-Museo. Imaginemos -como dicen que sucedió- por un segundo, al “Doctor”, con su rotunda figura, encaramado sobre una mesa de la pizzería, al compás de “Siga el baile”, mientras media ciudad de Córdoba lo aplaude cortando el tránsito. Si Castillo viviera, con toda seguridad hubiera repetido la hazaña canora en la inauguración del Museo para dar gloria y loor a una bien calentita de “muzza” con anchoas…¿No creen?

Cati Cobas
La cocina de Pasqualino Marchese (autor de la foto de la pizza)
Recetas e historia de la Pizza
Video sobre la inauguración de la pizzería

3 comentarios:

julia del prado morales dijo...

Vine Cati a visitarte, me encontré con un espacio pleno de historia, geografía y paisajes de la Argentina y las Baleares. Te felicito, entré a lo de la pizzeria de Còrdoba, porque mi hija vive ahí. Besos, Julia

RosaMaría dijo...

Qué bonita crónica Cati! Qué rica es la pizza, de cualquier gusto!Sabés que visito a Pascualino hace años desde España. Un maestro. Gracias por la crónica y por la foto que depierta buenos recuerdos. Un beso grandote.

Estela dijo...

Sin duda la pizza se merece un museo... una personas,crea momentos. Me encanta, mi comida preferida :)