domingo, abril 26, 2009

219-Brisas del Norte (en el Rosedal de Palermo)

Fotografías de J.A. Covas Riera
Hemos tenido por el Plata un remezón de luna llena en pleno abril. ¿Saben?
Apolonia “la Madona” y Joana Aina, “la Reina” de mis crónicas viajeras han pasado unos días con nosotros en esta Buenos Aires atípica de otoño sin otoño trayendo a nuestra vida alegres aires mallorquines, que todavía vuelan en cada rincón de nuestra casa.

Todavía no podemos desprendernos de las “eles” de mi prima y me parece que voy a encontrarla al alba, sentada en mi cocina, rezongando contra el “jet-lag” y sus efectos. Me parece, repito, que aun se encuentra por acá dispuesta a seguir viviendo juntas y con sesenta junios o septiembres la cómplice aventura de sentirnos dos colegialas en su primera rabona.
Creo que por la misma razón, Mercedes, mi Mercedes, persiste hablando de lo lindo que fue conversar y pasear con Joana Aina, de cuánto le gustó conocer los suaves modos de esta prima apenas descubierta y asomarse, en su voz y su hablar pausado, a mundos hasta ahora desconocidos para ella. También Fernando reconoce que se dejó seducir por sus modos y por esas fotos tan bonitas que le trajo como recuerdo de las auroras boreales que conociera en su viaje a Groenlandia. Todo un personaje esta muchacha tranquila y curiosa, observadora y cálida, discreta y afectuosa al mismo tiempo.

Para mí, ha sido una tregua. Un detener los esfuerzos y concentrarme exclusivamente en el goce, en el disfrute, en el sol y los paseos. En el reír y mostrar mi tierra, que son dos cosas que actúan sobre mí como un bálsamo milagroso.

Es que han sido cinco días de intensas aventuras. De redescubrir lugares con ojos de turista. No voy a repetirme. Ya he contado el Tigre y La Boca, San Telmo y Recoleta, el tango y la milonga hasta el hartazgo. Sin embargo, Buenos Aires es tan bella…Y tan generosa como para poner siempre a los pies del visitante algo nuevo, algo distinto.

Esta vez para mí lo diferente ha llegado con perfume, con el dulce, dulcísimo aroma de las rosas que, para armonizar en esencias con el título de esta crónica, pueblan el norte de mi ciudad, el viejo y querido Rosedal de Palermo.

Y si de rosas hablamos no podemos ignorar que a Rosas, al general Don Juan Manuel de Rosas, controvertido hombre de nuestra historia, pertenecieron las tierras del Parque Tres de Febrero, que así se llama esa zona de la ciudad que tanto nos enorgullece.

Pero a Sarmiento y su visión debemos esta maravilla de Buenos Aires, ciertamente. De ella se dice:
“La creación del Parque e instituto zoológico y botánico de Palermo, que ambas cosas comprendía el plan de Sarmiento, iba a dotar asimismo a la ciudad con los primeros jardines paisajistas igualmente ideados aquí por él. No dejó de aprovechar la cosa para lección de civismo, abriendo aquél paseo en la antigua posesión de Rosas, para Sarmiento, el representante del atraso colonial, y denominándolo con la data de Caseros. Quería que el famoso Palermo de San Benito, residencia del tirano, y por ello temible u odiosa para tantos argentinos, redimiera su mala fama, ofreciendo a todos el recreo gratuito de las bellas arboledas...
Cuando se aprecia ahora el cariño popular hacia este paseo, que según la previsión de Sarmiento es "el favorito de Buenos Aires", cuesta concebir el disfavor unánime con que la ciudad acogió su idea, las injurias y sarcasmos que por ello le suscitó. La distancia y los malos caminos eran los dos grandes argumentos. Nadie sino él concebía entonces la grandeza futura de Buenos Aires; nadie apreciaba su profundo argumento de que el Paseo transformaría los malos caminos en vías magníficas: las actuales calles Las Heras y Santa Fe. Dirigió personalmente los trabajos. Allá, por entre los matorrales y los pantanos, iba a caballo con su sombrero de paja, a trabajar por la belleza y la salud, mientras la ciudad, con significativa rebelión de niño, lloraba su cara sucia.”

Nuestra primera foto tiene lugar entonces, a los pies de una estatua de Sarmiento, mientras cuento a las primas estas historias y sucesos, mientras nos regocijamos con el sol y la brisa suave y aromática, con los lagos y las plumas blancas de los patos que relucen bajo el sol de una mañana de enero en pleno abril. ¡Qué regalo de la vida!

El lago, el puente y las flores giran en torno a nosotros y nos permiten admirar todavía más a esta Buenos Aires de contrastes, en la que siguen conviviendo la Biblia y el calefón, como Discepolín dijera. Admirar los cientos y cientos de rosales que parecen guardar secretos increíbles de duendes y de hadas. Porque ese lugar pleno de color y luz es, sin duda, el sitio ideal para que moren. Y si no, preguntemos al espíritu de quienes lo custodian.

¿Se ha vuelto loca esta mujer? Dirán ustedes. ¡Qué va! ¿De qué otro modo que guardianes de la belleza de las flores y amorosos amigos de duendes y de hadas podría considerarse a William Shakespeare, a Rosalía de Castro y Alfonsina Storni, a Dante Alighieri o Federico García Lorca, Antonio Machado y Jorge Luis Borges, eternos custodios en bronce del Jardín de los Poetas?

Cada rincón ofrece goces diferentes. Si hasta se puede admirar de cerca nuestra flor nacional, la flor de ceibo, que refulge en rojos ahí nomás, apuñalando el cielo más azul que pueda imaginarse…

Sabiendo que todavía nos aguardan muchas magias a partir de aquel angelical encuentro del que pronto se cumplirán los primeros dos años, y pensando a todos y cada uno de los integrantes de la familia que están con nosotras en espíritu, dejamos atrás el Rosedal y continuamos recorriendo mi ciudad con regocijo.

También así, con regocijo, escribo yo esta crónica, cuyo único fin es dejar testimonio para siempre de encuentros y alegrías renovadas. Cuyo objetivo es escribir la magia de esas brisas que ahora, desde el norte, en Buenos Aires, y tal vez, en un tiempo, desde el sur y hacia Mallorca, transportarán perfumes de ternuras y afectos familiares para seguir diciendo “gracias” a la Vida.

Cati Cobas

2 comentarios:

Angela dijo...

Que fotos tan lindas, incluidas las tres rosas del parque...

Menudos cuerpos las tres!!

Guapas!!

Abril dijo...

No hay nada que me haya gustado más de mi viaje a Argentina que caminar por el Rosedal y los lagos cerca de mi departamentos temporarios Palermo.
Mi familia y yo la pasamos muy bien y recorrimos toda la ciudad.
Por las fotos se ve que ustedes también la pasaron muy bien!
Saludos