martes, diciembre 13, 2005

46-Yo voto a San Antonio



Ficticia y Sensibilidades
14 de Febrero de 2004

Esto de llevar la contra es algo inherente a mi combativa personalidad, pero es así nomás para qué negarlo. Y esta característica, lo admito, abarca casi todos los aspectos de la vida. ¿Qué muchos adoran Punta del Este? Pues yo amo Mar del Plata. ¿Qué a los cincuenta las mujeres engordamos? Pues a mí me da la gana volverme más delgada que un espárrago. ¿Qué todos odian la humedad de Buenos Aires? Pues a mis huesos no hay nada que les siente mejor. Espíritu de contradicción, decía la Señorita Julia, mi maestra de sexto grado.
Y hoy me dicen que hay que celebrar San Valentín. Pues yo voto a San Antonio.
Parece que el tal Valentín era un sacerdote que hacia el siglo III, en Roma, celebraba en secreto matrimonios para jóvenes soldados enamorados a los que el emperador les prohibía casarse (venían a ser como los futbolistas que deben guardar su libido para hacer goles o algo así). Aunque procuró convencer al emperador con unos cuantos milagros, lo mataron un 14 de febrero. Y en la Edad Media comenzaron a honrarlo en Francia y Gran Bretaña. Pero los norteamericanos, para favorecer el desarrollo del servicio postal, vienen masificando el tema desde 1840.
¿Me quieren decir por qué hay que celebrar a San Valentín? ¿Sólo porque hace algunos años el correo norteamericano estaba en decadencia? No tengo nada contra los Valentines pero prefiero a mi entrañable amigo lusitano, que en realidad se llamaba Fernando, como mi entrañable querubín.
Era, como ya dije, portugués, pero se fue a Padua, donde escuchaban sus sermones multitudes enormes, sobre las que ejerció su benéfica influencia traducida en una muy amplia y general reforma de conducta. Las ancestrales disputas familiares se arreglaron definitivamente, los prisioneros quedaron en libertad y muchos de los que habían obtenido ganancias ilícitas las restituyeron, a veces en público, dejando títulos y dineros a los pies de San Antonio, para que éste los devolviera a sus legítimos dueños. Diganmé si existiera ahora un San Antonio, pues no habría hambre en este mundo.Por otra parte, pese a ser el santo indicado para que no nos falte el pan a través de su intercesión, es un santo multipropósito, ya que ha sido siempre muy eficaz en las cosas del amor. Y no te anda haciendo gastar plata, pues con rezarle una novena o ponerlo cabeza abajo y cara a la pared, si se lo tiene en casa, es harto suficiente para acollararse como Dios manda.
Yo voto a San Antonio, su lirio perfumado y ese niño Jesús gordito que se sienta contentísimo en su brazo. Además el 13 de junio me parece un día cabalístico, que el catorce no nos dice nada.
Por mi parte, no pienso cocinar, dibujar o enviar ningún corazoncito sonrosado en este día. Esperaré al 13 de junio y le prepararé a mi buen esposo (cuya presencia en mi vida atribuyo enormemente a las gracias del bendito San Antonio, ya que mis buenas novenas me ha costado. Sin duda con resultados óptimos, pues son veintisiete años los que llevo de casada) unas rosquillas de anís para chuparse los dedos, que esos son santos como la gente y no patronos del correo y las dulcerías “yankies”, queridos amigos.

1 comentario:

Angela Beatriz Serra dijo...

Cati ,siempre me sorprendés con tu buen humor!
Lo que leo escrito por vos me saca una alegre
sonrisa!
Te mando un beso!!!