lunes, mayo 26, 2008

170- Rosas blancas para Male

Querida Male:
Todos estos días estuve imaginando una crónica que se titularía “¡Se nos casa Magdalena!” Pensé que sería divertido narrar mis idas y vueltas acerca de la ropa que iba vestir en tu boda, mis andanzas en la peluquería, las charlas con Ana, tu mamá (una de mis amigas de la Universidad) que a veces tomaban ribetes tragicómicos porque –entre nosotras- nadie como ella para organizar una recepción multitudinaria, coordinar las idas y vueltas de una ceremonia religiosa como la que Pancho y vos nos hicieron disfrutar o hacerte sonreír con las mil y una anécdotas que la situación implicaba.
Pero hoy, después de haberte visto llegar, convertida en una belleza renacentista, hasta el altar de Santa Teresita del brazo emocionado de tu papá, quiero escribirte a vos, y solamente a vos, querida Male.
Comencé esta crónica pensando que tu boda tuvo como emblema el de las rosas blancas mientras meditaba sobre el nivel de cursilería que podrían tomar estas palabras si yo me animaba a compararte con una de ellas. Finalmente decidí que las “señoras mayores” como yo ya podemos darnos el lujo de ser cursis a veces así que voy a decir, sin empacho alguno, que eras la más linda rosa entre todas las que adornaron la iglesia y el inmenso salón en el que celebramos que te unieras a Pancho “para siempre” y “a la antigua”.
Cuando naciste, elegí para vos el vestidito bordado en punto smock más lindo que encontré. Fue mi manera de decirle a tu mamá que te imaginaba femenina y dulce, compasiva y tierna. No le dije entonces lo que yo deseaba en mi interior: que fueras, además, resuelta y valiente, llena de determinación y fiel a tus principios. No pude comprobar que todos mis deseos habían sido cumplidos hasta aquel verano en Mar del Plata, en que volví a encontrarte. ¡Qué pena habernos perdido los años de tu infancia, Magdalena! Lo pensaba mientras pasaban las imágenes del video que se mostró en tu boda. ¡Qué pena no haber peinado alguna vez esos rizos castaños o haber tenido entre las mías esas manos chiquitas que ya anunciaban caricias y ternuras! Cuando la vida nos hizo reencontrar, Male, vos ya eras una mujer y yo, mamá dos veces. Pero desde entonces hemos mantenido una complicidad tan especial que va más allá de edades y lejanías. Tal vez por eso disfruté tanto el sábado. Tal vez por eso me encantó verte sonreír mientras te ubicabas al lado de quien será tu compañero de ahora en más. Y gocé cada instante de una ceremonia en la que todo se unió para dar Gloria, como, estoy segura, era tu voluntad.

La falda tan amplia, de princesa, el encaje hecho recatos y pudores para una novia con tradición y estilo nos llenaron los ojos de alegría. Los de Pancho bien hablaban de eso mientras se prendían de cada lucecita que brillaba en el adorno de tu pelo.

¿Qué más podríamos pedir los que tuvimos el privilegio de vivirlo?... Las rosas blancas en tus manos nos dijeron tantas cosas, Magdalena. Porque ¿sabés? yo pude oírlas mientras cuchicheaban dichosas de haber participado en todo. Creo que lo más importante que nos dijeron fue que en esa boda podíamos creerle a los novios en el propósito de que querían estar juntos de verdad y para siempre.

Volvimos a encontrarlas sobre los manteles que cubrían las mesas de la fiesta. Y esta vez eran ellas las que sonreían con el vals tradicional y con la música “para soñar” que siguió sonando largo rato haciéndonos partícipes a todos de la alegría compartida.

Estábamos felices. Y dispuestos a celebrar con gozo la decisión tomada por los novios, Magdalena. Te vi radiante. Y eso bastó para alegrarme y para confirmar que mis deseos de tu infancia estaban bien cumplidos. Te veías femenina y dulce, pero llena de determinación y fiel a tus principios. Y así te habías casado.

Agradecí en secreto el haber podido participar de ese momento. No quedan muchas “novias a la antigua” y vos eras, orgullosamente, una de ellas, pero sabé, querida Male, de mi absoluta convicción de que, como dice la canción que tan bien eligieron como cierre para la ceremonia religiosa, vos y Pancho van a poder "escalar todas las montañas".

Con el amor de los suyos, la presencia de un Dios en el que creen fervientemente y, si Él lo permite, con la mirada afectuosa de quien quiso escribirte desde el corazón estas palabras llenas de las mejores rosas blancas que puedan encontrarse.

Cati Cobas

10 comentarios:

Fernanda dijo...

Cati,soy la hermana de Marizu,Fernanda,acabo de leer lo que escribiste sobre Male y me emocionaste.Cuando la abracé a Ana en el atrio no le pude decir nada pero gran parte de lo que quisiera haberle dicho lo expresaste vos aquí.

Mª Ángeles Cantalapiedra dijo...

Precioso, Cati...

Ana Maria Nemaric dijo...

Cati: Soy Ana (de la cena de cumpleaños en Pinamar). Que bien describiste a Male,esa novia renancentista, esa rosa blanca.Resumen pefecto de lo que sentimos los que compartimos ese momento. Me emocione mucho al releerle a la otra Ana (tu amiga y colega) tu nota,telefono de por medio. Aproveche tu blog para volver a transitar por Ayer fue primavera... Formidable descripcion para quien ha vivido (desde el lugar de madre), las interminables noches de entregas, noches de muchas noches de duración. Muchas gracias,

Anónimo dijo...

Cati, es tan lindo lo que escribiste! Lograste emocionarnos. Muchas gracias,
Los padres de la novia.

CATI COBAS dijo...

Muchas gracias a Fernanda, Ángeles,Ana y a los orgullosos padres de la novia por su gentileza de decirme que la crónica los emocionó. Male en realidad, ha sido la responsable...junto Pancho, demás está decirlo. Cati

Anónimo dijo...

cati si me dan ganas de casarme una vez mas para que me escribas.Creo que me sobran años y me faltan rosas...Nelly

CATI COBAS dijo...

Rosas no te faltan Nelly, podés estar segura...Lo de los años, mejor las dos "lo dejamos ahí". ¿no te parece?
Y muchas gracias por el comentario...Cati

Patri dijo...

Muy linda tu cronica
besos patri

Anónimo dijo...

Querida Cati:
que lindo don que tenes! poner en palabras las sensaciones y sentimientos vividos. Me encanto leerlo, fue revivir el momento, gracias!
Un amiga de Ana.

Anónimo dijo...

cati: GRACIAS TOTALES, en estos días tan especiales para mi, releer tu crónica (tantas veces ya leída) me emociona como la primera vez. Beso enorme, MALE.