miércoles, octubre 04, 2006

102-La campana de madera (Caticrónica edípica)

Seleccionada por el periodista Daniel López como "Texto de los viernes" para el programa Desayuno Continental www.continental.com.ar (Por una semana a partir del 27/10/06 puede escucharse en Archivos de audio Programa Desayuno del viernes 27 de octubre)
y leerse en http://www.continental.com.ar/especiales.asp

¡Gracias, Daniel!


El tema de esta quincena en el foro Iceberg es evocación a través de un objeto. Les presento mi trabajo:



“Para él son los calabozos,
para él las duras prisiones,
en su boca no hay razones,
aunque la razón le sobre;
que son campanas de palo,
las razones de los pobres”.

José Hernández “Martín Fierro”


Ya eras viejo cuando te pedí que tallaras la campana de madera. Vos desgranabas muchas horas trabajando trozos de madera que encontrábamos como descarte de las casas que yo, como arquitecta, dirigía en su construcción; y yo coleccionaba campanitas porque eran, para mi juventud, el emblema de la alegría. Como siempre, sin siquiera detenerte a plantearme lo absurdo de mi encargo, tomaste el trozo de viraró, y comenzaste a desbastarlo. No me dijiste ni una vez que las campanas se hacen de metal o, a lo sumo, de cristal. Tampoco pusiste en duda la capacidad de tus manos para convertir ese pedacito de árbol en el deseo de tu hija.

Te limitaste a tomar las sencillas herramientas con las que en los últimos años de tu vida reemplazaste a tu pluma y a tu azada, y trabajaste duro durante varios días.

“Con badajo y todo…” dijiste, orgulloso de tu hazaña, cuando estuvo bruñida y brillante. Así supe, de tu mano amorosa, cómo suenan las razones de los pobres.

¿Sabés papá? Tu campana perdura después de tantos años y cada vez está más pulida y mejor suena.

Ayer, mientras la limpiaba, me detuve en sus curvas sencillas, y la tañí para convocarte a mi hoy de luchas y de esfuerzos. Comprendí que era mucho más que un objeto casi absurdo. Su sonido profundo y entrañable me devolvió tu esencia decente y “laburante”. Tu “hacer lo que se debe”, aunque nos duela. Tu compromiso con la palabra empeñada así como tu nobleza sin escudos ni blasones.

Esa campana representa la esencia de tu vida trasladada a este tiempo en que ya somos pocos los que amamos las campanas de palo.
Sin embargo, cada vez que elijo algo a contrapelo de la época, cada vez que escucho los designios de mi corazón en vez hacerle caso a los de mi bolsillo, cada vez que me juego por un amigo aunque después las cosas no sean del color que yo esperaba, siento que estoy tañendo tu campana de madera. No siempre encuentran eco sus sonidos, pero, de vez en cuando, una mirada, una tarjeta, un libro, un pergamino o un abrazo me devuelven a tus manos laboriosas y al sentido más profundo de la vida: el de creer en el sonido fiel de una campana de madera.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Tan tuya esta crónica, ese rescatar las virtudes de tu padre como modelo, como si esos valores fueran la savia que sube desde las raíces para alimentar el tronco y también a los frutos...o como una antorcha que se va pasando...

Miri

Cati Cobas dijo...

Gracias, Madrina...Un honor tu comentario.

Lola dijo...

Realmente bello y emotivo este relato, Cati, me ha gustado de una manera especial leerte.
Ánimo y abrazos
lola

Cati Cobas dijo...

Gracias, Lola...Muchas gracias