domingo, octubre 28, 2007

152-"De "Miqueles" y ximbombas" Capítulo IV de "Las brasas que despiertan"(Apuntes para "Una Historia de Las Dos Orillas")


Ya saben los lectores que en mi familia recién estrenada hay, en lo que hace a mi generación, un Miquel/Miguel primogénito por cada una de las cuatro ramas en las que ha habido hijos varones.

No es de extrañar, entonces, que la maravilla de estos reencuentros familiares se atribuya a la intervención angélica, ya que el arcángel San Miguel, que en arte se representa con armadura de general romano, amenazando con una lanza o espada a un demonio o un dragón, es el jefe de los ejércitos celestiales así como príncipe de los ángeles en las religiones
judía e islámica y en las Iglesias Católica, Ortodoxa, Copta y Anglicana.

Ubicuo si los hay, el “angelito”. ¿Cierto? ¿Por qué no suponer que, cansado de pelear con los que dominan este mundo, haya decidido emprender unas vacaciones familiares entre sus tocayos mallorquines, a la sazón, mis primos, de la mano de La Adelantada-Embajadora, también seráfica por pila bautismal?

Con esa explicación será más fácil imaginar lo sucedido en esa tarde - noche que siguió a las nostalgias del tiempo lindo y a los mediodías de colores.

El living de casa actuó como “Sede Consular”. Y recibió, en la sonriente y bien predispuesta “embajadora”, al primo Miguel... ¡Ángel!, el otro primo “Cobas” , que habita en esta orilla del Atlántico, con Betty, su mujer, y Natalia, su hija. Pero sepan que la comunicativa Ángela había venido muy bien pertrechada para cumplir misión, a juzgar por lo que ahora les contaré, amigos.
Para comenzar, digamos que Joana Aina, su encantadora hermana, y ella misma, acompañadas por sus respectivos y buenos mozos …“asistentes de filmación”, habían registrado, una semana antes de la visita, muchos de los lugares y personas que, situados en la Isla de Mallorca, resultaban por demás significativos para quienes vivíamos en “esta otra orilla”.

Así Miguel y yo, junto a los nuestros (ya se nos había unido una parte de mi familia materna y otra de mi familia política), pudimos visitar, conmovidos, la tumba familiar, en Campos del Puerto y escuchar el viento marino, que resonaba con eco de recuerdos insondables. También palpar, casi, la tiza con el nombre de papá en el ya conocido muro de piedra caliza del molino. Y conocer a los abuelos maternos de Ángela, que, junto a su familia, cocían su pan en el horno doméstico, a la usanza de otros tiempos o recogían hongos, del mismo modo que yo viera hacer a mi padre, de pequeña, en el Bosque de Peralta Ramos, en Mar del Plata, así como visitar junto a las chicas, Ses Salines, el pueblo natal de Isabel, mi abuela materna, la responsable de la mayoría de mis añoranzas insulares.

En nuestra televisión, contemplamos, mientras probábamos un legítimo "pá amb oli " (pan con aceite y tomate a la usanza mallorquina) las imágenes y sonidos de una reunión con primos y sobrinos varios, en la que se despidió a La Adelantada y en la que el padre de Ángela, uno de los tres “Miqueles” insulares, nos dedicó un dúo de ximbomba a dos voces, junto a Sebastià, nuestro primo profesor, escritor y agricultor, del que estoy tan orgullosa.

Hubo lágrimas y sonrisas, abrazos y llamadas telefónicas. Y mucha alegría genuina de la mejor, qué duda cabe. Cuarenta años recuperados a puro sentimiento, con la felicidad de quienes prefieren el “de ahora en más” y apuestan a los rizos de Pau, el pequeñito de Sebastiá, que se arroja confiado a los brazos de su recién estrenado tío Miquel, allá, en ese mediodía de domingo filmado , en prueba de cariño.

Los Cobas/Covas argentinos celebramos aquí la confianza del pequeño, el color rosado de la piel de ese Miquel, que tanto nos recuerda a la de Tomás, mi padre, luego de alguna tarde al sol, sembrando lambertianas en nuestra casita de fin de semana y el castaño del cabello de Sebastià Jaume, tan parecido al mío cuando tenía su edad, así como la nariz de Miguel “de Buenos Aires”,igualita a la del primo Pedro, allá, en la isla y la planta y postura del Miquel de la película, semejantes a las del tío homónimo, que vivió y murió aquí, en Punta Alta, en plena Provincia de Buenos Aires, ya que corrió con mi padre la argenta aventura de venir para estos pagos en “aquellos otros tiempos”.

Nuestros hijos disfrutaron el encontrar esta realidad nueva y disfrutaron, sobre todo, el conocer de cerca a Ángela que, aunque un poco dormida ya por el agotamiento del viaje y de todo un día de emociones, hacía lo imposible por agradar y ser amable.

Mamá me pidió que le explicara, por centésima vez, cómo había aparecido la nieta del Tío Antonio en nuestra casa, luego de tantos años de silencio, y –justo es admitirlo- si se quedaría “para siempre” con nosotros.

Le expliqué que sí, que Ángela volaría en tres días para España nuevamente, pero se quedará “para siempre” con nosotros por su valiente osadía de “adelantarse” y ser la primera en descubrir las ramas de un árbol genealógico que pudo quedar trunco eternamente de no mediar los buenos oficios de Internet y de San Miguel Arcángel junto a muchos y muy variados candidatos a Miembros de la Corte Celestial.

Cati Cobas

3 comentarios:

Mª Ángeles Cantalapiedra dijo...

El final me ha puesto los pelos de punta. Precioso.
¡Dios mío! lo que te trajo 3denit...
Un besin, cielo, vales lo que no está escrito

LUIS AMÉZAGA dijo...

A ciertas edades estamos entre dos generaciones. La familia, como diría el padrino... :)

No gusto de mirar orígenes, me temo lo peor :)

Un saludo.

Socorro Mármol Brís dijo...

Apasionante esa recurrente búsqueda literaria y emocionas de raíces trasoceánicas. Abracitos