lunes, abril 24, 2006

88- Honrar la vida- Caticrónica "del día después"




Buenos días, gentiles lectores. El maratón de ayer me ha dejado tan entusiasmada que me inscribiría en cuanta experiencia similar se produzca en Buenos Aires y alrededores.
En una época en que en mi tierra los medios difunden, casi siempre, malas noticias, ver a tres mil personas reunidas con el simple propósito de vencerse a sí mismas ha sido algo, por lo menos, movilizador, se los aseguro. Pero vayamos al detalle del evento, de la mano de la inefable Eladia …

“No...Permanecer y transcurrir
No es perdurar, no es existir
Ni honrar la vida”

Parafraseando al historiador Grosso y su versión del 25 de mayo de 1810, en la historia que todavía se guarda en casa -aclaro, por si acaso, que no fui yo quien estudió en ella- : el 23 de abril de 2006 amaneció fresco, pero soleado. El otoño parecía querer que este regalo de la vida fuera completo, porque llegar a la Costanera y ser recibida por un cielo absolutamente azul y una atmósfera transparente hacía presentir que, como dijera Alterio, en una de sus películas “valía la pena estar vivo”.

“Hay tantas maneras de no ser
Tanta conciencia sin saber
Adormecida”.

En ese momento, frente a la pérgola que envuelve a la estatua de Luís Viale mis acalambrados y elongados músculos trataban de vencer la modorra, de tomar conciencia de sus posibilidades, acompañados por las precisas indicaciones de nuestros “entrenadores”. Mientras tanto, los más avezados de nuestros compañeros entrenaban, por su lado, para llegar a su meta de ocho kilómetros, mucho más ambiciosa que la mía, de modestísimos tres. Luego de siglos de no tomar en serio mi cuerpo, tuve la sensación de ser dueña de cada pedacito de él, de cada tendón, de cada uña. Haberlo vivido por lo menos una vez es increíblemente mejor que no haberlo experimentado jamás, les aseguro.

“No...Permanecer y transcurrir
No siempre quiere sugerirHonrar la vida
Hay tanta pequeña vanidadEn nuestra tonta humanidad
Enceguecida”

No me importaba ya llegar primera o última , ni siquiera me importaba que la camiseta “ad hoc” que me hubiera tocado en suerte fuera tres números más grande o el gorrito empresario se viera, tan pintoresco, coronando mi figura.. Éramos tres mil almas que esperábamos en la partida, mientras los altavoces la anunciaban. Esa experiencia colectiva de ir para adelante, a pesar de todo, no va a dejar de acompañarme fácilmente. Había toda clase de maratonistas: señoras como yo y también más grandes, chicos jóvenes, hombres de toda edad, que corrían entrenados, desde hacía tiempo, en pos del objetivo. Comenzamos a aplaudir y la energía se palpaba en el aire, podía respirarse.
Largamos. Poco a poco, fui quedando rezagada, y ví como mi marido se alejaba, a su ritmo, muchísimo más veloz que el mío, pero acompañada por Fernando, mi entrenador “elongante”, que, silenciosamente, debía disfrutar de los logros de su pupila, me dediqué a mantener el mejor ritmo de caminata de que era capaz.

“Merecer la vida es erguirse vertical
Mas allá del mal, de las caídas.”

Mientras caminaba, a toda la velocidad que podía, el río yacía a mi derecha y los patos de la reserva ecológica parpaban al unísono como dando ánimo.
Los jacarandáes me hacían olvidar las duras luchas cotidianas que tanto me cuesta remontar y la sensación de alegría me hacia sentir erguida como pocas veces me he sentido.

“Es igual que darle a la verdad
Y a nuestra propia libertad
La bienvenida.”

No tengo la menor idea de qué marca registré, ni que puesto ocupé al finalizar la prueba, pero hoy, veinticuatro horas después de la experiencia, declaro, firmemente, que no podré nunca volver a ser la misma. Que el 23 de abril del 2006, gracias a la peregrina ocurrencia de haberme “colado” en el maratón de mi marido, me dedicaré a luchar por mantener mi espíritu en vertical, batiendo mis propias marcas, aunque los otoños sigan transcurriendo y el sol no brille como en la mañana de ayer.

1 comentario:

anita dijo...

Si es mi himno el "Honrar la vida" de Eladia, y ahora , desde tiempo atrás, mucho más. Gran emoción sentí al identificarme de alguna manera. Qué lindo que hayas estado en la marathon, repetilo siempre. Yo ya me prometí q cuando esté bien iré a una, llegaré última, pero honraré la vida como también ahora vos y yo lo hacemos.
abracitos
anita